Inteligencia emocional
Lo que Brasil me enseñó sobre inteligencia emocional
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Ocho lecciones de inteligencia emocional que traje de Brasil
Hace unos días regresé de un viaje en familia por Brasil. Recorrimos ciudades, playas y montañas, y manejé casi 2.000 kilómetros por sus carreteras.
Sé que comparar Costa Rica con Brasil es injusto. Hablamos de un país de 8,5 millones de km² y más de 200 millones de habitantes frente a uno de 51.100 km² y poco más de 5 millones. Las escalas, las historias y los retos son distintos.
Aun así, como consultor organizacional que trabaja todos los días con la inteligencia emocional, no pude dejar de observar. Lo que sigue no es un estudio ni pretende generalizar sobre ningún pueblo. Son ocho conductas que vi repetirse y que, creo, los costarricenses podemos aprender.
1. Las oportunidades son oro
Competencias: autoconocimiento, asertividad e independencia.
El brasileño no deja pasar una oportunidad de negocio. Ve una necesidad y la resuelve él mismo, sin esperar permiso ni armar una burocracia alrededor.
En Costa Rica nuestra actitud ante las oportunidades suele ser pasiva: esperamos que alguien más dé el primer paso. La proactividad nace de saber qué quiero (autoconocimiento), decirlo con claridad (asertividad) y actuar sin depender de otros (independencia).
2. Saber recibir un "no"
Competencia: autocontrol (control de impulsos).
En Brasil casi todos buscan venderte algo, pero no son invasivos. Si decís "no, gracias", lo aceptan con una sonrisa y no te siguen insistiendo.
Aquí, muchas veces, un "no" recibe mala cara. Aceptar un rechazo sin tomarlo como algo personal es autocontrol puro, y también es la mejor forma de que el cliente regrese.
3. Empatía que se nota
Competencias: empatía y responsabilidad social.
En muchos lugares la gente se tomó el tiempo de escucharnos: de dónde éramos, qué hacíamos en Brasil. Un día mi esposa estaba sentada sola en un lugar público y un oficial se acercó a preguntarle si le pasaba algo.
La salud mental se toma en serio. Hay letreros por todas partes que invitan a buscar ayuda, y cada septiembre el país entero se pinta de amarillo con la campaña Setembro Amarelo de prevención del suicidio. La empatía deja de ser un gesto individual y se vuelve una política visible.
4. Un tránsito caótico, pero sin violencia
Competencias: control de impulsos y tolerancia al estrés.
Manejé casi 2.000 kilómetros. El tránsito es medio caótico, pero no vi expresiones de violencia constantes. El brasileño maneja pensando en la seguridad y evita reaccionar con agresividad, aunque el otro se equivoque.
En Costa Rica, por cualquier roce hay quien se baja del carro a pelear. La diferencia no está en las calles, sino en cómo gestionamos la frustración al volante.
5. Convertir lo peor en lo mejor
Competencias: optimismo, flexibilidad y resolución de problemas.
La gente está naturalmente entrenada en el servicio al cliente, sobre todo al turista. Todo está diseñado para que vivás la mejor experiencia y quierás volver.
Los brasileños que viven en terrenos montañosos y selváticos han sabido transformar sus limitaciones en atractivo. El tour por la favela de Rocinha, en Río de Janeiro, es un ejemplo: un lugar que muchos verían solo como problema hoy recibe visitantes de todo el mundo. Esa creatividad se nota en cómo construyen todo, siempre con la persona en el centro y pensando en que pueda disfrutar de la ciudad.
6. Abrazar al extranjero
Competencias: relaciones interpersonales y responsabilidad social.
Aunque en América del Sur hay mucha rivalidad entre vecinos, Brasil abraza al extranjero. Su sistema público de salud (SUS) atiende de forma gratuita incluso a quien está de paso, y el país te invita a emprender sin importar de dónde vengás.
Su capacidad para construir relaciones es muy alta porque entienden algo clave: la diversidad cultural enriquece al país.
7. Respeto a la mujer
Competencias: responsabilidad social y control de impulsos.
En todo el viaje no vi a brasileños faltándole el respeto a las mujeres en la calle. No es casualidad: desde 2018 la importunación sexual es delito en Brasil, con penas de 1 a 5 años de prisión (Ley 13.718).
Una ley no cambia una cultura por sí sola, pero marca un límite claro. Cuando la sociedad deja de tolerar el irrespeto, el autocontrol deja de ser opcional.
8. La neurodivergencia, dentro del sistema
Competencias: empatía y responsabilidad social.
Me llamó la atención lo integrada que está la atención de la neurodivergencia en el sistema educativo. Desde 2021, las escuelas públicas y privadas deben garantizar acompañamiento a estudiantes con dislexia, TDAH u otros trastornos del aprendizaje (Ley 14.254).
Incluso hay pediatras especializadas en neurodivergencia que atienden a las familias sin que tengan que pasar primero por psiquiatras o neurólogos. Eso acorta la espera, reduce el estigma y llega antes al niño.
Lo que nos llevamos
Costa Rica tiene muchísimo de qué sentirse orgullosa. Pero la inteligencia emocional no es un rasgo de nacimiento: se entrena, en personas y en organizaciones.
Proactividad, tolerancia al "no", empatía visible, calma bajo presión, creatividad para servir, apertura al otro, respeto a la mujer e inclusión. Ninguna de estas competencias requiere ser un país grande. Solo requieren decidir cambiar.
¿Cuál de estas ocho creés que nos hace más falta en Costa Rica?